8 de la mañana, calles de Sant Joan rumbo al Domo
romano.
Nada y nadie por las “veredas
angostas”.
Puedo saberlo por
anticipado, cuando es el viento el que me empuja. Aire y tierra.
Así como a los 7 años saqué de una caja de libros de oferta “Vida Paralelas” -de Plutarco- y le dije a mi vieja: “este”, así avanzo en
silencio hacia mi campo de significados.
Resultado? Un reloj de sol
indatable , que estuvo durmiendo hasta hoy en el baúl virtual de la
netbook.
Lo vuelvo a ver mientras busco otra imagen, y pienso: 21 de
marzo, comienzo del otoño ( la lana y la aguja de la lana, las fogatas quemando
hojas milenarias…). Recupero el modo trascendente de pasar la yema de los dedos
por los surcos de la piedra. Temps Vertader!!! Jaaaaaaaaaaaaa.
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