domingo, 30 de marzo de 2014


Instrucciones para dar cuenta a un reloj: ( Julio Cortázar) 

Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo.
Sujete el Reloj con la mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente.
Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo, como un abanico, se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere?...¿Qué más quiere?
Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad , imítelo anhelante.
El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada, va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus propios rubíes.
Y allá en el fondo está la muerte, si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

sábado, 29 de marzo de 2014

Giovanni Papini: El reloj parado a las 7




En una de las paredes de mi cuarto hay colgado un hermoso reloj antiguo que ya no funciona. Sus manecillas, detenidas desde casi siempre, señalan imperturbables la misma hora: las siete en punto. 
Casi siempre, el reloj es sólo un inútil adorno sobre una blanquecina y vacía pared. Sin embargo, hay dos momentos en el día, dos fugaces instantes, en que el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como un ave fénix. 
Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares, y los cucús y los gongs de las máquinas hacen sonar siete veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida. Dos veces al día, por la mañana y por la noche, el reloj se siente en completa armonía con el resto del mundo. 
Si alguien mirara el reloj solamente en esos dos momentos, diría que funciona a la perfección... Pero, pasado ese instante, cuando los demás relojes callan su canto y las manecillas continúan su monótono camino, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que una vez detuvo su andar. 
Y yo amo ese reloj. Y cuanto más hablo de él, más lo amo, porque cada vez siento que me parezco más a él. 
También yo estoy detenido en un tiempo. También yo me siento clavado e inmóvil. También yo soy, de alguna manera, un adorno inútil en una pared vacía. 
Pero disfruto también de fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora. 
Durante ese tiempo siento que estoy vivo. Todo está claro y el mundo se vuelve maravilloso. Puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todo el resto del tiempo. Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable. 
La primera vez que lo sentí, traté de aferrarme a ese instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como mi amigo el reloj, también se me escapa el tiempo de los demás. 
Pasados esos momentos, los demás relojes, que anidan en otros hombres, continúan su giro, y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática, a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar, que acostumbro a llamar vida. 

Pero sé que la vida es otra cosa. 
Yo sé que la vida, la de verdad, es la suma de aquellos momentos que, aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía del universo. Casi todo el mundo, pobre, cree que vive. 

Solo hay momentos de plenitud, y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir para siempre, quedarán condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianidad. 
Por eso te amo reloj. Porque somos la misma cosa tú y yo." 

domingo, 16 de marzo de 2014

"Temps vertader"

8 de la mañana, calles de Sant Joan rumbo al Domo romano.
Nada  y nadie por las “veredas angostas”.
Puedo saberlo  por anticipado, cuando es el viento el que me empuja. Aire y tierra.
Así como a los 7 años saqué de una caja de libros  de oferta  “Vida Paralelas”  -de Plutarco-  y le dije a mi vieja: “este”, así avanzo en silencio hacia mi campo de significados.
Resultado? Un reloj de sol  indatable , que estuvo durmiendo hasta hoy en el baúl virtual de la netbook.

Lo vuelvo a ver mientras busco otra imagen, y pienso: 21 de marzo, comienzo del otoño ( la lana y la aguja de la lana, las fogatas quemando hojas milenarias…). Recupero el modo trascendente de pasar la yema de los dedos por los surcos de la piedra. Temps Vertader!!! Jaaaaaaaaaaaaa.

viernes, 14 de marzo de 2014

El tiempo: La cuarta Metáfora.

El libro de "Las Mil y un noche" fue lo primero que "sustraje" de la casa de otro, sin saber que luego eso sería algo así como "robar".
Sólo lo tomé prestado por un tiempo y además...nadie notó su ausencia.
 Es que me estaba prohibido leerlo antes de cumplir 14. Pero para cuando cumplí 12,  el daño ya estaba hecho. Y fue para siempre! Allá estaba la Magia del número de Oro, lo impensado, las estrellas del  desierto, el asombro, el pánico y un mundo que no era justo, pero sí desgarradoramente bello. 
El primer tatuaje de mi alma. Y gracias a ese sueño que me  cambió la inocencia de lo perfecto, entendí la asimetría  y  la cuarta metáfora que  Borges encontró entre sus lineas: 

...La cuarta es la metáfora de un mapa 
De esa región indefinida, el Tiempo, 
De cuanto miden las graduales sombras 
Y el perpetuo desgaste de los mármoles 
Y los pasos de las generaciones. 
Todo. La voz y el eco, lo que miran 
Las dos opuestas caras del Bifronte, 
Mundos de plata y mundos de oro rojo 
Y la larga vigilia de los astros. 
Dicen los árabes que nadie puede 
Leer hasta el fin el Libro de las Noches. 
Las Noches son el Tiempo, el que no duerme. 
Sigue leyendo mientras muere el día 
Y Shahrazad te contará tu historia.


Desde entonces, todas las noches, le cuento a mi destino una historia diferente, a veces tejidas con los hilos del día, para que  me perdone la vida por 24 hs más. 






martes, 7 de enero de 2014

la cura para el tiempo...

Otra vez Borges...inevitable, profético. Es cierto, el arte ( como el amor) no son,  ni añoran el  "prodigio". En ellos descansamos del tiempo... A diferencia de Heráclito, o gracias a él, en  Efeso, me concentré en el cielo...siempre me sorprende  el amor y la facilidad con que me hace  olvidar de la lucha eterna entre el ser y el devenir. Y Yo también, igual que Ulises extraño tierra...

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.